En dos palabras

Aunque la memoria de los mercados bursátiles es escasa, ciertos episodios de especulación que tuvieron lugar en octubre han quedado en el recuerdo. Uno de ellos es el crash de 1929. Otro, el lunes 19 de octubre de 1987.

El lunes negro fue el mayor derrumbe porcentual ocurrido en un mismo día en la historia de los mercados de valores, un 22,6%. Nada nuevo en un capítulo más de mera especulación. El sobreapalancamiento llegó en esta ocasión de la mano de bonos sustituyendo masivamente capital y una actividad frenética en el mercado del control corporativo. Los inversores además creyeron poder asegurar generosos retornos vendiendo futuros. Florecieron las etiquetas que diferenciaban el nuevo tiempo de cualquiera anterior: junk bonds, portfolio insurance, program trading, yuppies. El índice habia escalado varios años de forma consecutiva, y el S&P500 venía de cotas de 20x frente al promedio histórico de 15,5x. El reconocimiento social del talento financiero que permitía enriquecerse rápidamente fue satirizado por Tom Wolfe en “La hoguera de las vanidades” (1987). La historia debe sonarles, porque la experiencia ibérica también es rica en mostrar que la genialidad en las finanzas suele anticipar estrepitosas caídas. 

Siguieron profundos análisis sobre sus causas (“The presidential task force on market mechanism”, Brady Comission), pero el corolario es conocido. Cuando la mayoría de los inversores toma una dirección, su capacidad para justificar alzas alimenta nuevas alzas y así sucesivamente hasta el día en que los excesos resultan evidentes. En las semanas anteriores al lunes negro hubo correcciones que hicieron dudar a los inversores. El día 19 fue una estampida, como si en un velero todos los tripulantes pasaran a la vez de babor a estribor. Muchos acabaron irremediablemente en el agua. Tras la corrección el mercado continuó subiendo incansable hasta el año 2000, pero esta vez aupado por las valoraciones estelares de start ups tecnológicas. Apenas 13 años después, un nuevo derrumbe dejó 1987 casi en una anécdota.

Hoy el discurso es que los bancos centrales sostendrán niveles altos de precios indefinidamente con tipos ultrabajos. La industria financiera apuesta por mantener retornos absolutos con la tradicional fórmula de asumir mayores riesgos, lo que difícilmente se justifica para ahorradores de largo plazo con los niveles de inflación actuales. Incluyan en la foto las nuevas indexaciones, valores tecnológicos descontando crecimientos sostenidos y el acceso inversor a nuevas geografías. Junto a ello, el proceso de endeudamiento de los soberanos desarrollados y el que tiene lugar en los mercados poco regulados de donde difícilmente vendrán buenas noticias. Así contado no tiene gran atractivo, pero ¿y si les digo searching for yield, smart beta, ETF, frontier markets, quantitative easing o shadow banking? Estas son las etiquetas del nuevo tiempo.

The Economist

Según el FMI el mundo financiero vuela otra vez rápido hacia el sol. El PER del S&P 500 está en 18,5x, con espacio aún hasta los múltiplos del lunes negro, pero Shiller viene avisando que el CAPE americano está en 25x frente a una media de 16,6x. Aun quedan valores de calidad a precios razonables, entre otros sólidas compañías en Europa. Y los ratios mencionados tienen más capacidad para explicar lo que ha sucedido que para predecir lo que vendrá, pero tengan la cautela de hacerse una composición propia con las señales disponibles.

La inestable personalidad de Mr. Market quedó genialmente recogida en la viñeta que les adjunto de The Economist, que resume el mercado en dos palabras: BUY o SELL. Cuando lo que oigan sean eufóricos BUY!!! o SELL!!!, tengan ya el chaleco salvavidas puesto.