Katherine Graham, o el periodismo solvente

Ha fallecido Ben Bradlee, legendario editor del Washington Post. Sus colegas de profesión han loado justamente la huella dejada por este periodista. Para la comunidad inversora, sin embargo, Bradlee es parte importante de otra historia, la de la propietaria del Post Katherine Graham.

La señora Graham tomó las riendas del periódico inesperadamente en 1963, y lo presidió hasta 1993. Muy rica, había enviudado recientemente y a sus 46 años carecía de cualquier formación en la administración de negocios. Nadie podía imaginar que convertiría al Post en una referencia mundial del periodismo y en un ejemplo de gestión diferenciada. El legado más importante de Graham es, quizá, que el interés social por una información de calidad necesita el respaldo de sólidos fundamentos empresariales que aseguren su independencia, en una suerte de círculo virtuoso.

Desde el inicio, y por la influencia de su padre y la irreverencia social de su madre, Graham defendió el principio de una información imparcial y el concepto de servicio público. En 1971, a pesar de las amenazas de la Administración Nixon, decidió continuar publicando los Papeles del Pentágono, que describían como los sucesivos gobiernos habían manipulado sistemáticamente a la opinión pública sobre la Guerra del Vietnam. Las investigaciones del Post en el Caso Watergate lo distanciaron aún más de la Casa Blanca, hasta la dimisión de Nixon en 1974. Ambos escándalos consolidaron el prestigio del periódico y la imagen de su principal accionista, una de las pocas mujeres con presencia en la América corporativa de los setenta.

¿Donde está Kay?

Enfrentó los retos de su época con un agudo espíritu crítico, y gestionó la relación entre propietario y editor concediendo siempre una amplia libertad a la línea editorial del periódico. Esto ayudó a atraer jóvenes talentos a quienes dio responsabilidades sin titubear. Nombró a un semidesconocido Bradlee con 44 años en sustitución de un histórico del periódico. Alan Spoon fue nombrado COO con apenas 39, y J. Grayer asumió las funciones de CEO de la línea educativa con 29 años. De carácter inconformista, contrató a cuatro directores económicos en apenas diez años hasta dar con Dick Simmons, a quien entregó la gestión diaria del periódico durante más de una década. 

El estilo personal de Graham mostraba las ventajas de que la propiedad del Post fuera familiar. Aportaba la necesaria visión de largo plazo y preservaba el negocio de presiones políticas indebidas, adquisiciones erráticas o compras hostiles. Además, tuvo claro que no son las noticias las que sostienen a los periódicos, sino la publicidad de productos financieros o de consumo. Y que por tanto era esencial capturar el tiempo del lector… y el interés de los inversores.

Buscó sin éxito un modelo de gestión apropiado entre sus pares, y en 1971 sacó el Post a cotizar en bolsa. En 1974, un inversor de Omaha comenzó a comprar importantes paquetes de acciones y trasladó a Graham su convicción de que un buen periódico podía y debía ser compatible con un negocio rentable. Graham, especialmente dotada para reconocer el talento, intuyó rápidamente la genialidad de un entonces desconocido Buffett e incorporó su filosofía sobre la prudencia en el uso del capital y del endeudamiento, y al propio Buffett entre sus amistades más cercanas.

Así, centró la gestión en la generación de caja operativa y en exigir el adecuado retorno a las inversiones, y fue reacia a competir en inversiones tecnológicas con otras cabeceras, llevándolas a cabo sólo cuando los costes habían bajado. Mantuvo además una actitud escéptica con las adquisiciones empresariales, con largos períodos de inactividad en los que luchó contra la tentación de participar del dinamismo del sector a cualquier coste. Solo se llevaron a cabo porque aseguraban un elevado rendimiento y contribuían a diversificar los resultados del grupo. Entró con éxito en educación, en la entonces pujante TV por cable y en las telecomunicaciones, desinvirtiendo pronto en estas últimas a la vista de las constantes exigencias de capital. Entre tanto, otros grupos desaparecieron o fueron absorbidos. Es un sector que requiere cautela, porque está muy expuesto al ciclo y finalizando el cambio de paradigma que supuso Internet. Además, en ocasiones sus actores muestran un interés excesivo por el crecimiento. Piénsenlo bien antes de invertir, igual tiene delante un gran grupo de información pero un mal negocio con un enemigo formidable a las puertas: el tiempo.

El Post fue además pionero en la política de remuneración de sus accionistas, inusual para la época aunque (excesivamente) frecuente hoy en día: recompró durante veinte años el 45% de sus propias acciones. No todas las recompras de acciones son iguales, y las del Post se financiaron con el resultado operativo del negocio y en niveles que infravaloraban significativamente a la compañía. En conjunto, los resultados del Post de Graham hablan por sí solos: el retorno para el accionista entre 1971 y 1993 fue del 22% anual, frente al 7% del S&P. O dicho de otro modo, un dólar invertido en el Post en 1971 valía en 1993 veinte veces más que invertido en el S&P, y eso en una industria que está en declive desde los años 70. Sorprendente fue asimismo la gestión del fondo de pensiones de sus empleados. Invertido siguiendo las directrices de Buffett, cuando Amazon compró el Post en 2013 el fondo tenía un valor superior en mil millones de dólares (¡!) a los compromisos de la compañía.

Katherine Graham dejó unas entretenidas memorias (“Personal History”, traducido por Alianza) trufadas de personajes interesantes, entre otros su padre. Eugene Meyer hizo fortuna especulando en Bolsa antes de la Gran Depresión y compró en una subasta de quiebras el Post en 1933. Estableció los principios de independencia periodística del Post pero no consiguió hacerlo rentable hasta mucho después. En su juventud dirigió la Corporación Financiera de la Guerra con Wilson, posteriormente creó un grupo empresarial origen de lo que hoy es Honeywell y antes de comprar el periódico dirigió durante tres años la Reserva Federal. Tras la SGM, fue el primer presidente del Banco Mundial. Una bio que no cabe en una vida… ni en este post.