Leer en 2016: una estrategia

La temporada de listas literarias es tan ruidosa como una jornada ochentera en Wall Street. El propósito es parecido, que donde se cruce una brillante portada con un confuso lector se produzca una venta. El resultado para el comprador puede ser que el libro cumpla las expectativas. Pero es frecuente que los libros adquiridos no alcancen la calidad esperada o queden en el estante sin ser leídos sin más. ¿Y si les digo que los principios value y unas gotas de behavioural pueden mejorar sensiblemente nuestra actividad lectora?

Convengamos que el entorno para la selección de lecturas es muy hostil. Decenas de títulos, autores, temas y vendedores conforman un mercado en el que el precio no es señal de calidad porque incluye una importante prima por la novedad y la moda. Como en la bolsa, el lector puede dejarse llevar por el comportamiento de la mayoría asociando ventas con excelencia e ir directamente a por el top uno (herd behaviour). También puede sucumbir a la presión de estar al día con los títulos más sonados del mes para adornar ocurrencias en la tertulia del café (institutional imperative). O quizá seleccione media docena de obras en la propia librería, donde la prisa y los estudiados expositores inclinarán la balanza inevitablemente a favor del librero (heat of the moment). No deben extrañar por tanto los empachos de invasiones chinas, desgracias climáticas, cisnes de colores, espíritus animales, mundos planos y asesinos nórdicos.

Con este panorama, tiene interés disponer de un proceso coherente que optimice el uso del tiempo y el presupuesto. Comenzaríamos con definir una mínima estrategia lectora, objetivos genéricos hacia los que dirigir el placer de la lectura dando cierta coherencia a nuestros intereses. Este primer paso es muy personal. Lo siguiente sería configurar una cartera potencial de libros de forma similar a como gestionaría sus inversiones financieras, centrándose en obras sólidamente contrastadas por el paso del tiempo. Entre los últimos lanzamientos habrá títulos que merezcan realmente la pena , pero la mayoría de ellos quedarán justamente olvidados pasados algunos años así que el riesgo con las novedades es significativo. Una antigüedad mínima de cuatro o cinco años podría ser suficiente, salvo en el caso de autores sólidamente contrastados. El objetivo es evitar incurrir en la prima de la novedad o dedicar tiempo a obras menores (value trap).

Una estimable fuente de ideas puede encontrarse escalando por la cadena de valor de su propia biblioteca. Los buenos libros suelen dar las pistas necesarias para llegar a aquellos realmente imprescindibles. También pueden seguirse las recomendaciones de analistas y opinantes de calidad, o encontrarlas por ejemplo en los cursos gratuitos pero de alto nivel que ofrece Coursera. Si el mismo título se repite en varias fuentes, apúntelo: tiene delante un valor seguro. Una selección pausada y coherente de libros le ayudará a mantener su posicionamiento estratégico evitando leer al tuntún. Una lista en el móvil es una buena manera de recordar candidatos.

Ahora bien, el mero listado de obras contrastadas no mitiga el riesgo de desviarse de una ruta lectora fruto de la reflexión ni de que ese clásico imprescindible quede en el estante un año más. Hay que completar un proceso eficiente seleccionando aquellas obras que de forma realista vayan a ser leídas en los próximos doce meses. Doce meses, ni más ni menos. Y tenga en cuenta en su plan anual la longitud de las obras y el tiempo disponible en cada momento. Es previsible que en vacaciones tenga más tiempo para leer, por ejemplo. Y quizá tendrá menos tiempo en esos meses en los que se le concentra el trabajo. Sea realista, de nada sirve hacer largas listas que serán puntualmente incumplidas (overconfidence).

Con la lista anual cerrada, queda el paso final: leerlos. La procrastrinación -dejar las cosas una y otra vez para más adelante- es un hábito que reduce significativamente las horas lectoras que idealizamos. Los psicólogos han mostrado que el compromiso previo con fechas firmes pero factibles es el mejor remedio para el eterno retraso (pre commitment). Si usted es de los que necesita un empujoncito (nudge), mensualice la lista encajando títulos en función de su apetencia lectora, como en la imagen adjunta. Otro método eficaz es comprometerse con una cantidad de páginas diarias: 25 páginas por 365 días al año suman ¡9.125 páginas! Et voilá. Con el calendario anual en mano y una mínima disciplina conseguirá que 2016 sea diferente, y el interés anual compuesto hará de usted una persona más educada y virtuosa con un menor coste.

Cuando lleguen los Reyes Magos, fíjese bien en el grueso tomo que llevan en sus monturas. Junto al libro de cada estrellero se encuentra un adornado marcapáginas con los meses del año. Y bajo cada mes, escrito en vivos colores, éxitos literarios de los últimos dos mil años.