Leer en 2017: una estrategia

En un post de principios de 2016 propuse acciones para gestionar los sesgos cognitivos más comunes de la actividad lectora. Vuelvo este año sobre el tema con el objetivo de estimular el hábito e imponer una disciplina que evite leer al tuntún.

Lo primero es definir una estrategia lectora básica. En mi caso busco un equilibrio entre varios temas que me apasionan, así que siempre hay títulos sobre inversión, historia económica y política, psicología en los mercados, autoayuda y ficción. Selecciono los ensayos al hilo de temas que me interesan, mientras que con la ficción tiendo a los clásicos o a recomendaciones.

Concretada la estrategia, llega el difícil arte de la ejecución. Es de mucha ayuda una programación mensual similar a la que adjunto. Hecha con realismo en cuanto a intereses y tiempo disponible, la tabla evita la ansiedad por leer lo último que cae en nuestras manos y las tentaciones de una librería. Si además de la programación mensual se asume un compromiso para leer diariamente, la probabilidad de que alcance sus objetivos se multiplica. Veinticinco páginas, treinta o cincuenta, lo de menos es el número. Lo importante es la constancia.

El proceso ganará en calidad y eficiencia si la lista se compone de títulos contrastados por el tiempo. Si el criterio en la bolsa es invertir en valores que tengan una sólida trayectoria a sus espaldas, no hay razón para hacer algo distinto con los libros. Así que desconfíe de las rabiosas novedades porque el riesgo de dedicar tiempo a títulos mediocres es alto y lleva una prima en el precio. En mi lista de 2017 mis únicas excepciones son Michael Lewis (The undoing project) y John Kay (The long and short of it), a quienes leo en cuanto publican. 

Este año quiero continuar con el periodo posterior a la Gran Guerra, abordados con Zweig, Haffner y Solmssen en 2016. Caracterizado por una profunda crisis del modelo de convivencia en Europa, los episodios de hiperinflación en Alemania y Austria producto de políticas monetarias y de endeudamiento ultra laxas culminaron la ruptura. El derrumbe definitivo llegó en noviembre de 1923, cuando un dólar se cambiaba por 4.210.500.000.000 marcos alemanes, y el billete de mayor denominación era de ¡100 billones! Vinculados con la inflación en la época se encuentran When money dies, Diary of an austrian middle class woman 1914 1924,  Age of inflation, German hyperinflation, y sobre la guerra La compañía K y The return of the soldier. Mientras, en los Estados Unidos disfrutaban de los alegres años veinte (El gran Gatsby, Reminiscences of a stock operator). Adicionalmente, la lista incluye clásicos eternamente pendientes del mundo de la inversión y los negocios (The money game, John Neff on investing, The dao of capital, Beat the crowd, Business adventures, Billion dollar lessons, Piense y hágase rico). Otros ensayos tienen su origen en los podcasts de brillantes blogueros, con títulos tan sugerentes como Dreamland: adventures in the strange science of sleep o Deep Survival. Who lives, who dies, and why. Por último, entre los libros de ficción se encuentran autores que me han hecho disfrutar en el pasado (Twain, Hemigway, Ford) o que me han recomendado algunos de mis lectores favoritos (Breve historia de siete asesinatos, Una conspiración de papel).

Vamos.